jueves, 8 de septiembre de 2011

Propuesta

Supongamos que ponemos demasiado empeño en creer que lo que hacemos es importante. Supongamos, en efecto, que creemos que sin nosotros, sin las emanaciones de nuestro intelecto, sin los evanescentes productos de nuestra pesquis, el mundo, simplemente, no se puede pasar.

Supongamos que tenemos una visión bibliocentrista del mundo. Supongamos que creemos que el libro es un tótem, un objeto sagrado, la fuente trascendental de todo bien y de toda edificación espiritual del Hombre.
Imaginemos que creemos que nuestros deseos coinciden milimétricamente con la realidad.

Y, ahora, echemos un vistazo al mundo tal y como es.