jueves, 10 de julio de 2008

¿Dónde escribir una novela como dios manda?


¡Pues en el Parador Nacional y antiguo Convento de de San Pablo, en Cuenca! Creo que es un lugar ideal para pasar una semana de tranquilidad, concentración en lo que se escribe, y prodigiosos paseos por las hoces del Huécar y del Júcar que rodean la ciudad.

Ojo que nadie me paga por esta publicidad. De todos modos, creo que el lugar se recomienda solo con la foto que pongo...

miércoles, 9 de julio de 2008

¿VEINTIUN AÑOS?

Lo he pensado mucho y, como siempre me pasa cuando medito una decisión concienzudamente, no he llegado a ninguna conclusión.

Es extraño, pero las mejores decisiones que he tomado en mi vida son decisiones que ya tenía tomadas en mi interior, de modo que no tenía que pensarlas primero. Cuando tengo que deliberar, ponderar pros y contras, descubro con horror que toda decisión posible tiene un número indefinido de pros, y también de contras, y que si la decisión hubiera de ser tomada simplemente pesando las razones que existen para tomarla y para no tomarla, lo mejor sería no decidir - por cierto, eso me recuerda una "decisión" que creí hace unos meses que tenía que tomar, y resultó que en realidad no tenía que tomarla...

Pues bien, con "Veintiún Años" no he llegado a ese estado del espíritu en el que no necesite pensar en si debo publicarlo o no, porque sepa lo que tengo que hacer. No. De modo que su publicación en este blog ha sido objeto de un prolongado debate interior, que por supuesto no ha conducido a ninguna decisión práctica.

El tiempo de la razón se ha cumplido, y la razón no ha podido inclinar la balanza. Ha llegado la hora del instinto.

martes, 8 de julio de 2008

MAS ALLA DEL BOSQUE


Muerte. Eso es lo que encuentra Rosa Moline (Bette Davis) al final de este filme, en el que su deseo de vivir la gran vida de la gran ciudad, la ambición mal entendida, la lleva por el camino del crimen. Pero el crimen no conlleva el castigo: no el de los hombres, al menos.

Ella no ama a nadie. Sólo quiere salir como sea del pueblucho de mala muerte en el que vive. Se ha casado con el médico local (un hombre íntegro típico representado por Joseph Cotten) pero es amante de un gran capitán de la industria, un hombre hecho a sí mismo, que se ha hecho construir una mansión en plan nuevo rico, con dieciocho baños en un lago cerca del pueblo.

En un momento de desesperación, reclama de los pacientes de su marido el dinero que le deben y que ella necesita para huir a Chicago, y se va. Allí consigur ver a su amante, quien ha tomado la decisión de casarse con una hija de la alta burguesía de la ciudad. La desesperación de la Davis sube de punto, y abrumada por una ciudad que en el fondo le asusta, vuelve con el rabo entre las piernas al pueblo, donde Cotten, casi sobrenaturalmente, la acoge de nuevo. Allí se presta a vivir la vida de pueblo que siempre ha odiado.

No había permitido nunca que su marido la tocara, pero ahora se deja embarazar. Y es ese embarazo el desencadenante de la tragedia que tiene lugar a continuación. Reaparece su amante, y le dice que se ha equivocado, que no va a casarse con la niña de Chicago, y que quiere a una mujer con su carácter, que sea como él, un león, sin educación, sin cultura, todo fuerza y ambición, sin escrúpulos: un animal conquistador.

Y la Davis, transfigurada, acepta irse con él. Lo van a hacer al día siguiente. Pero la conversación entre los amantes ha sido escuchada por un sirviente del millonario que le cuida la mansión: un pobre ex-borracho, que se dio muy mala vida en el pasado, que tiene una hija por ahí que ni le conoce, que viene del mal y por eso ama el bien. Y este ex-borracho le habla a Rosa Moline, y le dice que no va a permitir que lleve a cabo su plan de fuga. Con toda seguridad, su amante no la querrá cuando sepa que está embarazada. Ella se lo tiene que explicar, o de lo contrario se lo explicará él.

Así que Rosa Moline mata al delator. Aprovecha una cacería, y simula que lo confunde con un ciervo. En el juicio la estratagema del accidente funciona, y el jurado la absuelve. Su ingenuo marido la ha creído, pero ella está desesperada. El millonario comienza a darle largas. Debe dejar pasar un cierto tiempo antes de fugarse con él, o la gente sospechará. Y él desaparece.

Todo el problema es el bebé, y Rosa Moline planea su segundo asesinato. Está desesperada. Ha ido al despacho de un abogado, pero su marido, que por fin parece enterarse de algo, la sigue y se la lleva de vuelta a casa. En el camino, aprovecha una parada para tirarse por una ladera. Se tira, pero no pierde al bebé. Luego enferma de gripe, y mientras nadie la ve abre la ventana y se asoma al crudo invierno, para empeorar. El marido, en vista de su estado, trae medicinas, pero cuando intenta inyectárselas ella da un manotazo a la ampolla, que cae al suelo y se rompe. El marido ha de salir al hospital a por otra ampolla, y éste es el momento en el que Rosa Moline se escapa de casa. Se dirige a la estación de ferrocarril, un lugar al que solía ir a menudo a soñar con lugares lejanos. No se sabe si ahora quiere simplemente seguir soñando, o huir de verdad. La fiebre la está matando. Y la fiebre la mata, en el frío suelo de la estación de su pueblo.

domingo, 6 de julio de 2008

JEZABEL


No lo entiendo. ¿Por qué se fue Jezabel con Dillard a la leprosería? Si ella no era su esposa, si su esposa estaba allí, si estaba dispuesta a irse con él, y cuidarle mientras lo consume la fiebre amarilla que invade Nueva Orleans, ¿por qué tuvo que ser la mala mujer, la caprichosa Jezabel, que no lo supo amar, la que lo acompañase a la muerte segura de la isla de Lazaret?

En el momento culminante de la película, en el que se resuelve el drama que enlaza a un hombre y dos mujeres que lo aman por igual, la legítima le pregunta a la despechada: ¿él te quiere a ti? Dímelo, pues seguro que tú lo sabes. Y la despechada contesta que él sólo quiere a su mujer, o de otro modo habría sucumbido a sus repetidos intentos de seducirle. Y en ello ve la esposa del moribundo, paradójicamente, la verdad de que en realidad el amor de su marido por la primera no se ha extinguido. Y así es como cede su puesto en la lúgubre comitiva a Jezabel, la mujer que no supo amar al amor de su vida, para que en un último y supremo sacrificio se redima ante él.

Pero ¿por qué una mujer que ama a su marido cede a su rival su puesto junto a él?

Por una vez, voy a intentar entender este misterio del amor acudiendo a San Pablo, en su Carta a los Corintios:

“El amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante. No es egoísta, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal".

¿Será posible?

viernes, 4 de julio de 2008

LA MALDITA

La llamaban la maldita, porque se había entregado a la mala vida.

Desde que se la recordaba, siempre había estado en los peores antros, se había puesto de las drogas más fuertes y había dado los espectáculos más escandalosos.

Un día la encontraban semidesnuda, abrazada a un individuo peludo, feísimo, que la poseía con violencia.

Otro día se la podía ver, ebria, drogada, totalmente enajenada, semitumbada en una escalinata con un hilo de vómito saliendo de sus labios.

Alguna incluso afirmaba que una vez le sobó una teta...

La miraban mal, y hablaban de ella en tono condescendiente. Algunas. Porque otras simplemente la motejaban de degenerada, lesbiana, puta, zoófila y con otros epítetos siempre igual de hirientes.

Pero ella siempre despertaba el día siguiente, tardísimo, y no recordaba nada...

Y la maldita se paseaba durante el día, esbelta, orgullosa, bellísima, con una luz en sus ojos que todas envidiaban...

EL MAESTRO JUAN MARTINEZ, QUE ESTABA ALLÍ



Cuando la gente de Kiev se dio cuenta de que los bolcheviques huían río arriba, una muchedumbre jubilosa invadió las calles. ¡La tiranía roja se había terminado! Se acabaron como por ensalmo las caras tristes, las mandíbulaes apretadas, el aire miserable y los disfraces de mendigo. La gente, contenta y esperanzada, formaba grupitos en los portales, se arracimaba en los balcones y poblaba las aceras, comunicándose la buena nueva de la liberación. ¡Los bolcheviques habían huido! Se abrían de nuevo los cafés y lucían otra vez los escaparates. La ciudad entera, con traje de fiesta, se echaba a las calles para recibir en triunfo a los libertadores.

A media mañana entró el ejército nacionalista ucraniano en las calles de Kiev, y desfiló entre los vítores entusiásticos de la población camino de la Duma. Al frente de sus tropas iba el propio atamán Petliura a caballo, con el brazo izquierdo colgando y manchado de sangre. Sangre llevaba también el caballo en el pecho y en las patas como el de un héroe legendario. A su paso las muchachas de Kiev arrojaban flores sobre su cabeza y los representantes de la ciudad salían a ofrecerle el pan y la sal de la bienvenida. Desde los balcones y las ventanas una multitud gozosa le aclamaba.


¿Cómo es posible que no nos hayamos enterado de que en España teníamos un cronista de la Revolución Bolchevique tan bueno como Manuel Chaves Nogales? Lean, lean por favor este libro en el que un bailaor de flamenco, un gitano de Burgos, se recorre la Rusia, primero de los Zares, luego de los Soviets, pasando toda clase de calamidades, y siendo testigo de esta crónica, que uno no sabe si es periodística o novelística, o ambas cosas en armoniosa mixtura.

Y, si después de leer El Maestro Juan Martínez que estaba allí, os quedáis con ganas de más, no os perdáis A Sangre y Fuego: nueve relatos sobre la guerra civil española en los que, según dicen, el azañista Chaves Nogales hace gala de una ecuanimidad casi imposible para un contemporáneo de la debacle. Yo no lo he leído, pero seguro que lo haré, tras la lectura de El Maestro...


MANUEL CHAVES NOGALES

miércoles, 2 de julio de 2008

IL SORPASO




Vittorio Gassman es un juerguista impenitente. Conduce como un loco un bólido ya viejo, con muchos kilómetros a cuestas, en busca del placer y la felicidad. Fastidiado en pleno Ferragosto romano, no encuentra un teléfono desde el que llamar a un ligue. Para en un lugar cualquiera, y desde los edificios de enfrente lo ve llegar Jean Louis Trintignant, un joven y apocado estudiante de Derecho, enfrascado en el estudio del Derecho procesal. Con mucho morro, Gassman le pide usar su teléfono y de este modo Jean Louis se ve arrastrado a la escapada más alocada de su vida. A su última escapada, en realidad.

Casi contra su voluntad, es introducido como copiloto en el coupé descapotable de Gassman. Adelantamientos peligrosos en curvas o cuestas con cambio de rasante, conducción temeraria por una Roma desértica, achicharrada por el calor, intentos de ligue con alemanas estupendas, que desde su germánica circunspección se derriten por un latin lover, paradas en terrazas de verano a comer (y follar, si es posible), peleas nocturnas en night clubs... una verdadera locura para el pobre Jean Louis, que en su vida había conocido la vida desde la perspectiva del simpático, apuestísimo, alocado e irresponsable vividor que Gassman personifica en el filme.

Sus correrías del día terminan en la casa de la ex-esposa de Gassman, una atractiva casi-cuarentona con una hija deliciosa en edad de merecer, que planea arruinar su vida casándose con un industrial cincuentón, que sabe no tener su amor, pero le promete el éxito en la vida. Frente a la quinceañera, el soso Jean Louis ve disolverse el presunto amor que creía sentir por una vecinita a la que lo más atrevido que había hecho era unas fotos clandestinas cuando se asomaba al balcón de su piso. Por su parte, la hija de Gassman se siente atraída por el joven retraído. Surge entre ellos una tensión sexual que hace esperar que la película acabe bien, con nuestro estudiante de derecho más curtido en las andanzas de la vida y un poco más decidido en materia amorosa.

Pero la vida casi nunca te da lo que esperas de ella (y el cine tampoco). Gassman y Trintignant emprenden una última correría en el bólido, a la caza de la presunta novia del estudiante. Los adelantamientos son de infarto, la conducción, de las que harían perder a Gassman todos los puntos de veinte carnés de conducir de un solo golpe. Y un solo golpe es lo que recibe el raído descapotable, que en plena invasión del carril contrario es embestido por un camión que no lo puede esquivar. El coche se despeña por un precipicio hacia el mar. Gassman sale despedido y prácticamente indemne. Trintignant, aprisionado en el vehículo, muere.

Y es que hay destinos que no son para todos los caracteres. La vida arriesgada y feliz sólo es para los valientes. Los demás, los hombres ejemplares, los estudiantes modelos, los paradigmas de la seriedad, no sobreviven a tan fuertes experiencias.